Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua (Loren Eiseley)

Desde tiempos remotos ha sido conocido y reconocido el valor del agua y su relación inseparable con la subsistencia de la vida.

La hidroterapia o SPA (salud por agua) es un tratamiento natural que aprovecha los beneficios del agua como elemento principal para activar las funciones vitales de nuestro cuerpo.

Alternando agua fría y caliente esta terapia provoca la dilatación y contracción de los vasos sanguíneos superficiales favoreciendo la circulación.

A diferencia de los balnearios donde se utilizan aguas termales o mineromedicinales, o la talasoterapia que incluye algas, arena y agua de mar en sus tratamientos, la hidroterapia solo emplea agua a diferente temperatura,  presión y en baños.

En Jaén capital contamos con los Baños Árabes conocidos como Baño del Niño (Hamman al-Walad), y ubicados en el Palacio de Villardompardo, son los más grandes de España y probablemente de Europa, con una extensión de 450 metros cuadrados, distribuidos en cuatro estancias: vestíbulo, sala fría, sala templada y sala caliente.

Construidos en el siglo XI y aprovechando un antiguo baño romano, continuaron con su función como baño público hasta bien entrado el siglo XVI que don Fernando de Torres y Portugal, I Conde de Villardompardo, edificó el Palacio sobre los Baños, quedando enterrados entre escombros.

En 1931 fue declarado Monumento Nacional y hasta 1970 no terminaron las obras de restauración dirigidas por Luis Berges.

Vestíbulo
Vestibulo
Sala fría
Sala fria
Sala templada
Sala caliente
Alcoba sala templada
Sala templada
Sala caliente, estancia con dos tinajas
Sala caliente, estancia con dos tinajas
Sala caliente, estancia con asiento

En la ciudad de Úbeda, en 2007 y durante las obras de demolición de un grupo de viviendas se descubrió la llamada Sinagoga del Agua, una sinagoga judía del siglo XIV o quizás anterior.

Un hallazgo que una vez reconstruido y  en 2010 se ha convertido en centro de actividades y conocimiento orientado a las tres culturas que convivieron: judía, musulmana y cristiana.

Esta sinagoga era especial ya que en ella se celebraba una ceremonia cabalística: la creación. El día del solsticio de verano, un rayo de luz que entra por una trampilla del piso superior, incide en el arranque de la escalera y baja por los peldaños hasta sumergirse en el agua. Esta luz es la que purifica el agua del pequeño estanque llamado mikveh, un estanque de purificación para los rituales judíos. Este baño estaba reservado principalmente a mujeres: las novias antes del casamiento y a todas las mujeres después del parto y la menstruación. También se utilizaba para aquellos que querían convertirse al judaísmo.

Grecia, cuna de civilizaciones, no solo nos ha dejado un legado histórico y arquitectónico innegable, sino que con sus teorías filosóficas y médicas convirtió los simples baños en el mar o en un río en terapias aptas para todos los públicos. Del aprovechamiento de las aguas termales ricas en minerales nació la hidroterapia termal o termalismo.

Para los griegos, el baño tenía un fin medicinal y reparador de cuerpo, mente y espíritu. Galeno diseñó el esquema del baño ideal: un baño seco de vapor para eliminar toxinas del cuerpo, un baño de agua caliente para limpiar las impurezas y finalizar con un baño de agua fría para cerrar los poros.

Actualmente se está imponiendo el concepto de Talasoterapia (terapia del mar) ya que todos conocemos los beneficios del agua de mar como fuente de salud.




Los romanos con sus conocimientos sobre ingeniería y la construcción de acueductos, acercaron el agua donde era necesaria, dando forma y estructura a las termas romanas convirtiéndolas en centro de la vida social de la época. Los baños públicos contaban con estancias reservadas para actividades gimnásticas y lúdicas, eran lugares de reunión donde se cuidaba la decoración de los diferentes ambientes con delicados mosaicos y estatuas.

Abrían al mediodía y cerraban a la caída del sol, y había departamentos separados para hombres y mujeres que no se bañaban juntos.

Las termas romanas contaban con distintas estancias:

Palestra: patio central para practicar ejercicios

Tabernae: tiendas adosadas donde se vendían bebidas y comidas

Caldarium: sala de baño de agua caliente

Frigidarium: sala de baño de agua fría

Tepidarium: sala tibia

Laconium: sala de baño de vapor

Apodyterium: vestuarios con un banco corrido y hornacinas en la pared donde dejaban la ropa y objetos personales los bañistas, vigilados por un esclavo.

Los árabes cuando llegaron al sur de Hispania y descubrieron toda la infraestructura y termas romanas hicieron suyos estos elementos adaptándolos  y desarrollando nuevas técnicas. Los árabes españoles fueron los encargados de exportar al resto del mundo islámico el concepto de hamman o baño árabe. El edificio carecía de ventanas, salvo en los techos que son abovedados y con pequeñas claraboyas en forma octogonal o de estrellas de ocho puntas cerradas con vidrios de color rojo que contribuían a aumentar el ambiente cálido.

Se dividía en tres salas: la sala vestidor donde se desvestían y se les entregaba dos paños blancos y unas sandalias altas de madera o corcho llamadas chapines, de allí se pasaba a la sala central muy caliente y saturada de vapor, se tendían en una tarima en reposo y los bañeros aplicaban fricciones enérgicas para favorecer la sudoración. Al final se pasa a la tercera sala más caliente, donde era enjabonado y enjuagado con agua muy caliente que al caer al suelo templado levantaba una lluvia de vapor. De vuelta a la sala central para reponerse con masajes. Nuevamente se vuelve a la sala caliente para tomar otra ducha esta vez fría y regresar a la central a reposar y tomar nuevos masajes reactivos acompañados de aceites esenciales. Una vez terminado, se envolvían en un albornoz y permanecían en esta sala relajados.

El baño árabe es más un baño de vapor no existiendo el baño por inmersión como en las termas romanas en las que era posible nadar, ejercicio considerado como innoble por los árabes.




El baño árabe más antiguo conservado en España está en Granada y es el llamado El Bañuelo , su construcción data del siglo XI, siendo uno de los más importantes y mejor conservados de la Granada musulmana. En su interior se conservan capiteles procedentes del derribo de Medinat al-Zara, en Córdoba.

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